Los Carcamanes

Cuentan que, hace más de siglo y medio, llegaron a Guanajuato dos hermanos procedentes de Europa: Nicolás y Arturo Karlkaman. Con el tiempo, y seguramente por la dificultad al pronunciar el apellido, fueron conocidos como “los Carcamanes”, por los habitantes de la ciudad.

La Vida de los Carcamanes transcurría tranquila, no dando nunca motivo a la sospecha o a la murmuración, hasta que la mañana del 2 de junio de 1803, corrió la noticia de que los vecinos habían encontrado la puerta de la casa abierta y los cuerpos inertes de ambos hermanos.

La primera hipótesis fue la de un doble asesinato, con el objetivo de robarles, pero al encontrar un tercer cuerpo, en la misma calle en que vivían, de una bella y frívola mujer, descubrieron que se trataba de un crimen pasional: resulta que la mujer sostenía relaciones con ambos hermanos quienes, al descubrirlo, se trabaron en una lucha en la que Nicolás pierde la vida y Arturo, mal herido, se arrastra hasta las habitaciones de la coqueta y la mata en su lecho para, posteriormente, regresar donde el hermano y suicidarse.

Dicen que las autoridades, una vez corridos los trámites de rigor, inhumaron el cuerpo de Nicolás en lo que ahora es el templo de San francisco, mientras que el de Arturo reposa en el panteón San Sebastián.

Y cuenta la leyenda que, desde entonces, tres espectros recorren, al caer la noche, el camino hasta la casa de los Carcamanes, lamentando su muerte y llorando su castigo.

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